martes, 2 de mayo de 2017

El antiguo régimen frente al estado liberal


Relación entre el antiguo régimen, el pensamiento revolucionario y el nuevo estado liberal en el continente europeo que dio lugar al cambio revolucionario.



Se puede tener una idea más globalizada de la relación que existió entre el antiguo régimen, el pensamiento revolucionario y el nuevo estado liberal, si se analiza con profundidad la transición del feudalismo al capitalismo. Es decir la transición del Estado absoluto al Estado constitucional.  El liberalismo y el nacionalismo fueron las ideologías que dieron paso a las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales en el siglo XIX. La caída del Antiguo Régimen, siempre ha estado ligada a la instauración de los regímenes parlamentarios en América del Norte y Europa Occidental, hasta la configuración de nuevos Estados liberales.  Sin olvidar que su triunfo se dio gracias al ascenso de la burguesía en el  poder económico y político.





La Revolución Francesa sembró la semilla para  de la conciencia nacionalista en algunos estados europeos. No obstante también fue criticado su carácter racional  por muchos pensadores como Edmund Burke o Guilherme Humboldt. Pero para muchos la revolución Francesa fue el nexo de unión de todo. Capaz de crear el modelo político-jurídico definitivo para el Occidente contemporáneo. Un reflejo, sin duda, también del liberalismo que había crecido durante los siglos XVIII y XIX. Pero fundamentalmente  la Revolución Francesa destruyó el Antiguo Régimen en Francia, aunque no se limitó a esta nación, tuvo repercusiones tanto en Europa como América.   Sirviendo de modelo a otros revolucionarios de otros países que deseaban también suprimir las desigualdades propias del sistema estamental feudal y el absolutismo monárquico, sustituyéndolo por la igualdad jurídica de los ciudadanos y en la división de poderes.



 Partiendo de la base en que el concepto revolución ha estado vinculado a tiempos tan remotos como 1688, como la revolución Inglesa, puede entenderse que la relación entre el Antiguo régimen y el estado liberal siempre fue muy estrecha. Donde se produciría un cambio, gracias a una serie de circunstancias que balancearon el peso a favor del nuevo régimen. Sobre todo si se piensa en  el surgimiento de idea de progreso. Donde la burguesía y el capitalismo junto con el nacimiento de la cultura urbana y el iusnaturalismo, fueron aquellos apéndices que terminaron de fraguar todo el proceso. Pero no nos engañemos ambos regímenes tenían muchos elementos en común, salvo que se iban ordenando de diferente forma. Se pude decir que se trata de un proceso global en cierta forma lineal pero con picos y alzas donde se enlazaban muy variados y distintos intereses. Por ejemplo, la revolución Inglesa de 1688, abolió los abusos del poder real, la Revolución norteamericana, lograría innovar la estructura del Estado con el federalismo y en Francia se reformulaba la estructura de una sociedad que quería romper sus ligaduras con el Antiguo régimen.



Y es que lo largo del siglo XIX, se dieron una serie de circunstancias que impulsaron la creación de nuevos estados nacionales, donde tanto Nacionalismo como el liberalismo jugaron un  muy papel muy importante. Se quería establecer una soberanía que residiera en la nación, mediante una  comunidad cohesionada y libre. Pero también fue un arma de doble filo. Apareció el liberalismo más exaltado que abogo por una nula intervención del Estado y que enriqueció a una burguesía que también se decantaba por la explotación de los sectores sociales más pobres. Aunque en teoría siempre se nombrará a una nación que surgía de la voluntad de los individuos libres en armonía y gobernados por instituciones comunes en pro de la libertad e igualdad. Siguiendo la influencia de la ilustración de Rosseau o como el gran teorizador italiano Mazzini. Recordemos al nacionalismo conservador u orgánico, que mencionaba a la nación como un órgano vivo que representaba las características comunes de la población. Una lengua, cultura, territorio, tradiciones e historia común. Pero sin olvidar que la idea de Nación, debía estar por encima de la voluntad de los individuos. En definitiva…se trataba de una nueva reformulación del poder del Estado sobre el individuo. Si en el antiguo régimen recaía sobre el rey, ahora la nación estaba por encima de los intereses del individuo.



El nacionalismo fue en sus orígenes una ideología propia de minorías, pero adquirió a finales del siglo XIX un carácter de masas. Las revoluciones de 1848 contribuyeron a acrecentar su potencial. Durante la primera mitad del siglo XIX, constituyó un movimiento muy ligado al liberalismo de signo progresista enfrentado a las ideas de la Restauración. Es el caso del nacionalismo griego frente al imperio turco, el de las colonias americanas sublevadas contra España, o el de húngaros y checos frente al imperio austríaco. Sin embargo, durante la segunda mitad de siglo, fue adquiriendo un talante conservador y belicoso, supeditando la libertad de los ciudadanos a los proyectos de las minorías identificadas con el poder. Este tipo de nacionalismo constituyó uno de los ingredientes del imperialismo y engendró numerosos conflictos, algunos de ellos tan decisivos como la Primera Guerra Mundial.



Pese a todo, tanto los sentimientos nacionalistas y como la ideología liberal afloraron en numerosos países e hicieron frente a la represión de las ideas surgidas de la Revolución Francesa. Por ello durante la primera mitad del siglo XIX, se producirían varios ciclos revolucionarios: 1820, 1830 y 1848. Cada uno con sus propias características, pero con un denominador común,  la burguesía la principal clase social implicada. Aunque en la de 1848, intervino además una nueva clase social, el proletariado. Pero, sintetizando, después de un análisis aún más profundo, es fácil pensar que una sociedad estamental, donde existía una desigualdad del hombre ante el derecho, y donde existía una  jerarquización social, pronto surgiera el germen del pensamiento revolucionario. Base para la aparición de un nuevo estado liberal. Se empleaba un derecho donde se ratificaba sin cesar los privilegios y que estaba justificada por el poder divino. Dios le había entregado directamente el poder al rey. Por ello se consideraba titular de ese derecho legítimo. Y lo que era peor, nadie tenida el poder suficiente para limitar al poder del Rey. El soberano reunía  en sus manos la totalidad del poder político, ejerciendo personalmente como sumo gobernante y juez supremo.



Estado constitucional,  ya había sido mencionado en el siglo XVIII, mucho antes que la revolución liberal se llevara a la práctica. La diferencia fundamental entre el Antiguo Régimen y el Estado constitucional era la división de poderes. Lo que verdaderamente iba a garantizar el verdadero ejercicio de la libertad política. Pero además se consolidaba la soberanía nacional y los derechos individuales. Esta era fundamentalmente la diferencia que existía entre el Estado Absoluto y el Estado constitucional. Algo que puede observarse en el establecimiento del Estado constitucional en España, aunque verdaderamente  no se implantará de forma efectiva. Algo que según el autor, Benjamín Gonzalez Alonso, no se abordó ni siquiera a la muerte de Fernando VII.  Ya que cuando verdaderamente empieza a responder el Estado constitucional, es pro de otros intereses. Se sienta en las bases de un liberalismo que se sustenta a base de residuos del propio absolutismo.



Y es que la relación del Antiguo Régimen con el nuevo estado liberal siempre ha sido muy estrecha. Recordemos que tanto principio de la soberanía compartida,  la división de poderes, siguió siendo debilidad y adulterada por Poder Judicial. Si el Poder Legislativo se ejercía en dos cámaras, no hay que olvidar que en muchos momentos los miembros se eligieron por derecho propio. Tal como menciona Benjamín Gonzáles Alonso, es un tema que merece un análisis muy profundo. Además algo que puede ser sorprenderte, sabiendo que todavía hay elementos absolutistas que perduran en el tiempo. Teniendo presente que a partir del último cuarto del siglo XIX el liberalismo y el nacionalismo impulsan además de nuevas ideologías,  la carrera imperialista, el propio carácter del obrero, el socialismo y el anarquismo.  Esas nuevas realidades que recogieron el testigo de la defensa de las ideas de libertad e igualdad.


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