viernes, 10 de marzo de 2017

Biografía de Haydn

El nombre de Haydn trae desde luego a la mente la relación con el origen  de la música moderna. Con su maravillosa fecundidad de ritmos y armonías de desesperadora perfección, conceptos. Nadie ha manejado con mayor libertad los recursos de este arte. Expresaba lo que quería; no hubo asunto, por rebelde que fuera en apariencia a la dicción musical, que no tradujese él en su divino idioma: Ritmo del arte, al cual no se llega seguramente con sólo el genio, mas que sea poderoso, si no acude en su auxilio incesante laboriosidad. Cuando joven, Haydn dedicaba al estudio diez y seis y diez y ocho horas diarias, y aunque las redujo más tarde á cinco, conviene notar que cinco horas por día dan en treinta años un total de cincuenta y cuatro mil horas.


Como componía Haydn

Un hombre tan felizmente dotado como él no tenia necesidad de arrancar penosamente de su cerebro lo que sus facultades producían sin esfuerzo alguno; cabalmente importunaba al maestro, más que nada, la abundancia de ideas. Pero su severo gusto no se contentaba con la primera forma que se le ofrecía, de modo que sobre un mismo tema componía á veces muchos fragmentos para llegar con repetidos ensayos y tanteos á la definitiva y perfecta expresión. Esta es la razón de su inmensa labor, de su aplicación constante é infatigable que á primera vista sorprende, dado que parece propia condición de las inteligencias estériles, siendo así que, por el contrario, sólo los grandes hombres pueden corregirse á sí mismos y constituirse en críticos de sus propias inspiraciones.

Quieres escuchar algunas de su mejores composiciones haz clic aquí: Pasemos también a continuar con la biografía de Haydn.

Haydn, Cuarteto de cuerdas The Lark (completo) Música Clásica ...


Nacimiento y primeros pasos de Haydn


Francisco José Haydn nació el 31 de marzo de 1732, en Rohrau, un pueblo situado a quince leguas de Viena en la frontera de Austria y Hungría. Su padre era carretero y al propio tiempo sacristán de su parroquia; tenia una magnífica voz de tenor, y también había aprendido a tocar el arpa en Fraocfort, en uno de aquellos viajes que hacían entonces con mucha frecuencia los obreros alemanes. Su madre Ana María, que babia sido cocinera del conde de Harrach, señor de Robrau, cantaba también y  los  domingos y días de fiesta, ambos esposos se divertían de sus faenas con la música. Matías Haydn acompañaba al arpa las canciones de su mujer. Un día, cuando apenas tenía cinco años el muchacho, quiso también entrometerse en aquel pequeño concierto, de un modo bastante original. Tomando un pedazo de madera y una varilla a modo de violín y su arco correspondiente. Ni el mismo Paganini hubiera arrancado al raro instrumento el menor sonido pero el niño José salió del apuro marcando el compás con el movimiento del arco, con tal exactitud y precisión, que hubo de sorprender á un pariente de sus padres, llamado Franck, de visita en la casa.

Franck, que era maestro de escuela en Hamburgo y buen músico, se ofreció a educar al niño, y como los padres consintieron en ello muy gozosos, se lo llevó consigo y le enseñó en breve los elementos de la música y todo el latín necesario para entender los textos sagrados. La acentuación de las misas y motetes de Haydo, la exacta expresión de sus composiciones religiosas, se percibe realmente el resultado de estas enseñanzas, como ocurre también en la música de capilla de Mozart y, fuerza es decirlo, en la mayoría de compositores del siglo XVIII. Naturalmente, la influencia eclesiástica en la educación favorecía el cultivo de la música sagrada. Sólo medio siglo después, y con la secularización casi general de la enseñanza pública, se corrompió este género y así hemos oído cantar luego en las iglesias composiciones ramplonas que ofenden a la vez el gusto artístico, el sentido común y la gramática.

Después de tres años hacía fue cuando la casualidad condujo al maestro de capilla Reuter de la catedral de Viena, quien daba una vuelta por los pueblos reclutando niños de coro, y como el maestro le babia hablado con viva admiración del joven pariente, el artista vienés quiso oírle. Airoso salió de este examen el hijo del carretero y Reuter se limitó á observar que no sabia hacer u o trino.-« Pero¿ cómo queréis que lo sepa- contestó el travieso muchacho- si ni el primo lo sabe?»-«Ven, -dijo el maestro ... - voy á enseñártelo.» Y cogiéndole entre las rodillas, le mostró cómo se hace para emitir rápidamente dos sonidos, retener el aliento y mover la epiglotis. Apenas lo oyó, el muchacho se puso á trinar como si en su vida hubiese hecho otra cosa, con lo cual Reuter encantado del éxito, vació en los bolsillos del escolar una fuente de magnificas cerezas que hablan sacado poco babia, y se llevó consigo a Viena, como ya se comprende, a quien debía ser el mayor ornamento de aquella catedral.

Aunque los niños de coro no tenían más que dos horas de trabajo obligatorio, Haydn, con el vivo deseo de aumentar sus conocimientos, aprovechaba todas las ocasiones para oír cantar 6 tocar algún instrumento y hasta se ejercitaba en componer, tanto que á los trece años osó escribir una misa.  El precoz compositor comprendió la justicia del juicio del maestro, pero ¿Cómo hacerlo para merecer sus elogios? Su pobreza era obstáculo a que tomase un profesor, por lo que resolvió suplir a sus lecciones con la lectura de obras de teoría. So pretexto de comprarse alguna ropa nueva pidió dinero a su padre y con los seis florines que obtuvo compró el Gradus ad Par. Poco se sabe de estos datos curiosos cuando se habrá de la biografía de Haydn.


El joven artista estaba empleado en la escuela de niños de coro de San Esteban, cuando un día le expulsaron por una travesura propia de su carácter alegre y jovial, que fue cortarle la sotana  a un camarada. No merecía ciertamente más que una reprimenda, pero como el hecho coincidió con la época de variación de la voz y el adolescente no podía cantar de soprano, no era ya necesario, ni había que guardar consideraciones con un muchacho tan endiablado que se permitía tan irrespetuosas chanzas; fuera de que Reuter, al decir de algunos biógrafos, alimentaba secreta envidia contra él, pues iba con el tiempo á eclipsar su gloria; así aprovechó la primera ocasión para plantarle en la calle. En ese momento, nuestro musico tuvo que estar errando por Viena sin dinero y  mal vestido que no podía presentarse en parte alguna. Haydn halló asilo en casa de un pobre peluquero, llamado Keller, quien, habiendo admirado su voz en las solemnidades religiosas de la catedral, ofreció hospedaje al futuro compositor, y éste volvió á entregarse entonces con ardor al estudio, libre de cuidados materiales.

Pero á éste, poco le importaban la miseria y la privación con que pudiera saborear el vivo placer de la música, á la cual se dedicaba allí por entero y Libremente. Con las sonatas de Bach,  la bohardilla se convertía en un palacio. No tardó en hallar además ocupaciones que le facilitaron recompensar al honrado peluquero. Poco á poco mejoró su suerte gracias á algunas lecciones de piano y de canto. Tocaba, también, el violín en la iglesia de los Padres de la Misericordia, y el órgano los domingos y días de fiesta en la capilla del conde de Iangwitz. En esta misma casa, donde vivía el pobre Haydn en un zaquizamí bajo tejado, alquilaba una habitación a un poeta, Metastasio que se hizo su amigo, le enseñó la lengua italiana y le recomendó como profesor á la señorita Martinez, hija de su huésped.

No paró aquí la cariñosa oficiosidad del poeta; más tarde le presentó en el salón de la bella Guillermina, amiga del embajador veneciano Cornaro. Esta mujer, aficionadísima á la música, hospedaba en su casa al viejo P6rpora. Poco le costó á Haydn hacerse bienquisto del noble veneciano; pero lo que más deseaba era obtener la amistad del compositor, cuyos consejos podían serie muy útiles. En un viaje que hizo Cornaro con todos los suyos á los baños de Manensdorf, el muchacho, que iba también con Pórpora, nada descuidó para atraerse el cariño del anciano; le servia de criado, le acepillaba la ropa, le peinaba la peluca, le limpiaba el calzado.

De 1760 á 1791 , Haydn vivió en Eisenstadt. Muerto el príncipe Esterhazy en 1791, pasó al servicio de su heredero Nicolás, que fue siempre gran admirador y protector suyo. Como éste gustaba mucho el uso de  mitón, especie de violoncello, escribió el maestro mas de ciento cincuenta fragmentos en los cuales dicho instrumento bacía el principal papel. Buena parte de estas composiciones perecieron en un incendio; el resto se guarda en los archivos de la familia Esterbazy, según nos dice Fetis, que obtuvo esta noticia de labios de un príncipe de aquella casa. Sorprende hallar tao escaso número de acontecimientos en la vida de Haydn.

Últimos años de la vida del compositor

Los últimos años de la biografía de Haydn.La atormentada y azarosa existencia de los artistas contemporáneos no ofrece parecido alguno con aquel sereno reposo saboreado en las alturas de la inteligencia, con la placida y tranquila suerte del hombre consagrado exclusivamente al culto de la belleza. En el espacio·de treinta años, Haydn compartió uniformemente todos sus días entre la composición de sus obras y la dirección de su orquesta. La caza fue la única distracción que se permitía alguna vez que otra, Una sola nube empañó durante algún tiempo su existencia feliz. Haydn era casado. Fiel á imprudentes promesas del tiempo de su adversidad, se babia enlazado con una hija de su antiguo protector, el peluquero Keller; pero el carácter poco amable de Ana Keller le hizo desgraciado. Algunos biógrafos pretenden que esta mujer era en extremo devota y quisquillosa, y que, como Haydn, á pesar de ser también muy piadoso, no perdió nunca su jovialidad, mientras su mujer se hacia intratable y arisca, esta incompatibilidad de caracteres acabó por traer la separación. A pesar de esto, al divorciarse de Ana, el compositor trató de asegurar su suerte, y aunque obligado a restablecer la paz de su bogar, no olvidó en su exquisita delicadeza cuánto convenía al decoro ¡que le fué dado á la música agitar y conmover más »profundamente el alma que la pintura.,) Si Cousin ha querido decir que el arte musical no debía rebajarse á ser un arte ala imitación, tiene razón que le sobra; pero vemos que más abajo se entusiasma con los efectos de la tormenta, la lluvia y el trueno, que no confunde por lo visto con una batalla. Y en efecto, á principios de este siglo tuvimos muy buenos compositores de batallas.

El mismo Dussek no se desdeñó de escribir una en la cual los toques de corneta, las marchas guerreras, el galope de los caballos, el choque de las armas, el estampido del cañón, los ayes de los combatientes, los gritos de victoria, todo parecía tan distintamente, que no era posible confundirlo con una tempestad. Las batallas de Praga, Marengo y Austerlitz fueron compuestas sobre el mismo teclado; buenas cuerdas de piano rompió alguna señorita harto belicosa con estas composiciones. Reconocemos desde luego que, en general, estas obras de imitación suelen ser bastante medianas, exceptuando La Tempestad de Steibelt, lindamente compuesta, y algunas magníficas páginas de ouestro·s maestros descriptivos l-laydn, Weber y Meodelssohn. Cuando un hombre de genio quiere imitar la naturaleza, no se contenta con reproducir servilmente impresiones materiales, sino que infunde en ella algo de su propia alma, algo de lo que siente y pretende comunicar á los demás. Cuando Rossiní ha querido pintar una escena de la naturaleza alpina ¿ qué cuadro la mostró con el vigor, la elevación y el interés de la sinfonía de Guillermo Tell?

Las ultimas obras de Haydn fueron dos cuartetos que aparecieron en 1802. Otro tenía empezado; pero no se ha publicado de él sino un fragmento seguido de un minué; no pudo continuarlo a causa de la decadencia de su salud. Agobiado por los años y los achaques, se había retirado completamente.


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