martes, 21 de abril de 2015

PAPA LEÓN IX, biografía

El cometido de este trabajo es analizar las causas del el gran cisma de oriente a través de la figura del Papa León IX. Luego, apoyado en su biografía iremos descubriendo y apreciando los precedentes y consecuencias que llegaron al gran cisma de oriente. Por otro lado nos acercaremos a la situación en la que se encontraba la iglesia en ese mismo contexto y profundizaremos en varios aspectos estructurales de esta.



 Como sabemos el cisma de 1054 llevó a la separación definitiva entre Roma y Bizancio.  Pero debemos hablar de sus antecedentes para comprender el proceso completo. Para ello nos trasladamos al  siglo VII donde  la expansión musulmana que logra invadir tres de los cuatro Patriarcados orientales como son Alejandría, Antioquía y Jerusalén. A raíz de estos acontecimientos , el Oriente cristiano se identificó desde entonces con la Iglesia griega o bizantina, es decir, el Patriarcado de Constantinopla y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera, que le reconocían una primacía de jurisdicción o al menos de honor. Estas cristiandades que giraban en la órbita de Constantinopla integraban la Iglesia grecooriental.

El Cristianismo sufrió la impronta de la contraposición entre Oriente y Occidente, cultura griega y latina. Constantinopla se convirtió en el principal Patriarcado del Oriente cristiano, émulo del Pontificado romano, estrechamente vinculado al Imperio de Bizancio, mientras Roma se alejaba cada vez más de este y buscaba su protección en los emperadores francos o germánicos. En este contexto de creciente frialdad entre las dos Iglesias, las fricciones y enfrentamientos jalonaron un largo proceso de debilitamiento de la comunión eclesiástica con la definitiva separación en 1054.

 Las relaciones entre Roma y Constantinopla experimentaron ya una primera ruptura en el siglo V: el cisma de Acacio, que estuvo motivado por las proclividades monofisitas de este patriarca (482) y que se prolongó durante treinta años. Más prolongadas fueron las repercusiones del problema de la iconoclastia. Como es sabido, León III Isáurico un gran emperador que salvó a Bizancio de la amenaza árabe dio origen a una grave crisis religiosa, que alteró durante más de un siglo la vida del Oriente cristiano: en 726 prohibió la veneración de las imágenes sagradas y poco después ordenó su destrucción. León III pretendió que el Papa sancionase sus edictos iconoclastas y ante la rotunda negativa tomó represalias contra la Iglesia romana.

En todo caso, las luchas de las imágenes no resultaron desfavorables para las relaciones entre los cristianos orientales y Roma: los defensores de las imágenes entre los que se contaban los monjes y la gran masa del pueblo dirigieron sus miradas hacia el Papado en busca de apoyo.


El patriarca Focio0, a pesar de que sabía que abriría un abismo entre griegos y latinos, convirtió en problema la cuestión de la procedencia de la segunda persona de la Santísima Trinidad. De este modo, las diferencias entre griegos y latinos no serían, en adelante, solamente disciplinares y litúrgicas, sino también dogmáticas, con lo que la unidad de la Iglesia quedaba irremediablemente comprometida. Puede afirmarse, en suma, que Focio, un sabio eminente que personificó el genuino espíritu eclesiástico de Constantinopla, contribuyó como nadie a preparar los ánimos para el futuro cisma oriental. El cisma llegó, sin excesivo dramatismo, en los comienzos de la época gregoriana. Los violentos sentimientos antilatinos del patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario y la incomprensión de la mentalidad bizantina por parte de los legados papales Humberto de Silva Candida y Federico de Lorena, enviados para negociar una paz eclesiástica, fueron los factores inmediatos de la ruptura.

0. Focio (Griego: Φώτιος, Phōtios) (Constantinopla, ca. 820 - Bordi, Armenia, 6 de febrero de 893), patriarca de Constantinopla y escritor bizantino, santo para la Iglesia Ortodoxa griega y cismático para la Iglesia Católica romana, pues separó a la iglesia ortodoxa de la católica en el llamado Cisma de Focio, precursor del Cisma de Oriente.
El correr del tiempo descubrió a los cristianos la existencia de un auténtico cisma, que había interrumpido la comunión eclesiástica de la Iglesia griega con el Pontificado romano y la Iglesia latina. La vuelta a la unión constituyó desde entonces un objetivo permanente de la Cristiandad. La promovieron Pontífices, la desearon en Constantinopla emperadores y hombres de Iglesia, se celebraron concilios unionistas y hubo momentos como en el concilio II de Lyon (1274) y el de Florencia (1439) en que pareció que se había logrado. No era realmente así, pero tan sólo la caída de Constantinopla en poder de los turcos y la desaparición del Imperio bizantino (1453) pusieron fin a los deseos y a las esperanzas de poner término al cisma de Oriente y reconstruir la unidad cristiana.


2. LAVIDA DE LEÓN IX

Sin duda uno de los más insignes papas, el papa León IX nació en 1002 en Alsacia que formaba entonces parte del imperio Sacro Romano. A los cinco años, Bruno, como se llamaba, fue a estudiar a la escuela de Bertoldo, Obispo de Toul. En ella empezó a mostrar un talento excepcional. Terminados sus estudios, fue nombrado canónigo de la iglesia de San Esteban de Toul.

Cuando el obispo de Toul murió fue elegido por el pueblo para que le sucediese. El día de la Ascensión en 1027, Bruno fue consagrado y gobernó la diócesis durante veinte años, introduciendo una disciplina más estricta entre su clero tanto secular como regular, logrando así reavivar la disciplina y el fervor de los grandes monasterios de sus diócesis e introdujo la reforma de Cluny1.

1. De esta orden partió la misión de restablecer las reglas de San Benito sobre la austeridad de las costumbres, la vuelta a la liturgia, la obediencia, y de renovar la espiritualidad de la iglesia. Se destacaron en este sentido, el abad Odón que vivió entre los años 826 y 942 y el abán Hugón (1049-1109) llegando a contar en esta época la orden con dos mil monasterios, que conformaron una red confederada, unificando a gran parte del mundo cristiano, bajo la autoridad de la abadía de Cluny, que los visitaba e inspeccionaba con frecuencia. Esta orden fue esencia para revitalizar a la iglesia. El papa Gregorio VII (1020-1085) surgió de esta orden, que prohibió el matrimonio eclesiástico para que los sacerdotes se consagraran a la iglesia, y protagonizó la Querella de las Investiduras.

En 1048 será nombrado sucesor del Papa Dámaso II, tomando el nombre del León IX. Su gloria principal fue haber sacado a la Iglesia del estado de decadencia general en que se encontraba a mediados del siglo XI y haber iniciado el movimiento de reforma que culminó poco después Gregorio VII y los papas que le siguieron.

Como sabemos fue Enrique III quien reunió una Dieta en Worms en diciembre de 1048 donde fue proclamado Bruno de Toul, que había acudido a la misma. Sorprendido y profundamente contrariado ante esta elección, pidió tres días para dar su respuesta tras los cuales acepto. En Roma y presentado en la basílica de San Pedro por el metropolitano de Tréveris como el candidato del emperador, fue aclamado de nuevo por el clero y pueblo allí presentes. Durante su pontificado luchó fuertemente contra la simonía y lanzó severos decretos contra la decadencia del celibato eclesiástico. Asimismo, ayudó a promover entre el clero de Roma la vida comunitaria, así como la predicación y el canto sagrado.

Si como obispo fue enérgico y severo cuando desempeñó el nuevo y alto cargo desplegó igualmente una intensa actividad. Promovió la reforma del clero y las buenas conductas del pueblo; convocó varios sínodos diocesanos que condenaron severamente la simonía2 y la venta de indulgencias, práctica entonces muy arraigada, trató de intensificar la vida monacal.

Se mantuvo en permanente contacto con san Hugo, abad de Cluny y con Halinard, arzobispo de Lyon, organizador de uno de los movimientos reformista de Francia. Al mismo tiempo, llamó a su lado como colaboradores a los hombres más eminentes del clero entre ellos al monje Hildebrando, futuro san Gregorio VII, el pontífice más grande de su siglo y uno de los mayores en toda la historia de la Iglesia. Realizó numerosos viajes, visitando las distintas diócesis, en ocasiones, para reconciliar a soberanos enemistados. Cruzó los Alpes, llegó a Sajonia, luego a Colonia, a Toul, a Reims, a Metz, a Magnucia.


2. La simonía es, en el cristianismo, la compra o venta de lo espiritual por medio de bienes materiales. Incluye cargos eclesiásticos, sacramentos, reliquias, promesas de oración, la gracia, la jurisdicción eclesiástica, la excomunión, etc.


el papa León IX había sido designado sumo pontífice por su pariente el emperador Enrique III, hijo y sucesor de Conrado II. Sin embargo, él fue el primero en proponer que en el futuro los papas fuesen elegidos entre los cardenales. Tal disposición se hizo definitivamente efectiva en 1059.

 Es interesante que a pesar de esta emparentado con el emperador Enrique III y designado por él al trono pontificio, como era costumbre y de alguna manera derecho en la época, «declaró al emperador que podía aceptar el nuevo cargo sólo si los romanos lo elegían unánimemente obispo de la ciudad» –escribía el jesuita Friedrich Kempf3.

Será Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla,  quien censuró a la Iglesia de Occidente a causa de algunas normas disciplinarias y litúrgicas que diferían de las de Oriente. Era un pretexto para realizar la separación y situarse a la cabeza de la Iglesia Griega. el papa León IX le escribió una notable carta y envió una embajada a Constantinopla, pero no pudo evitar el cisma, que se produjo en 1054. Cuando tuvo lugar el cisma ya hacía meses de la muerte del  el papa León IX

Fue un hombre de eminentes cualidades personales, dotado de gran energía y de voluntad, partidario decidido a la reforma e inflamado en todos sus actos del más vivo amor a Dios y de la Iglesia. Era sin duda, el Papa que esta necesitaba. Desde el punto de vista dogmático, fue suya la condena de errores sobre la doctrina eucarística. Intervino contra las tesis de Bérenger de Tours (para el cual el pan y el vino eucarísticos eran solo un símbolo del Cuerpo y la Sangre del Señor), afirmando que Cristo está realmente contenido en el sacramento o bajo las especies sacramentales.




3 Friedrich Kempf .Gran historiador de la Iglesia medieval (Storia della Chiesa, dir. H. Jedin, vol IV, p. 460).






Pero la intervención de León IX fue muy discreta. Estando la discusión teológica aún abierta, «fueron los teólogos quienes la prosiguieron, mientras Roma se limitó a vigilar su marcha»4  Sin impulsividad ni intransigencia afrontó también el problema del clero concubinario 5


Por otro lado teniendo presente que en la curia romana hacían falta hombres eminentes y decididos, re rodeó rápidamente de los que con más eficacia le podían servir para como hemos dicho anteriormente sanar a la Iglesia de las dos enfermedades que poseía la simonía y el concubinato de los eclesiásticos. Así, llamó ante todo al valiente y decidido Hildebrando, quien desde la muerte de Gregorio VI, cuyo secretario había sido, quedaba enteramente libre.


 León IX le consagró como archidiácono y le elevó al rango de secretario pontificio. Igualmente creó cardenal obispo de Silva Cándida al monje borgoñón Humberto, al monje Hugo Cándido, procedente del monasterio de Remiremont, de la Lorena, y asimismo a otros varios. De este modo el Colegio Cardenalicio alcanzó un carácter universal y fue en adelante un instrumento eficaz y dócil en manos del Papa.


Los medios con los que dispuso para tal fin son los que le ofrecía la costumbre eclesiástica, los sínodos y concilios6. Comenzando por la Pascua de 1049, comenzó a celebrar en Roma con gran solemnidad los sínodos cuaresmales, y rápidamente procuró que se celebraran otros semejantes en diversas provincias eclesiásticas. En todos ellos se renovaban y proclamaban con la mayor decisión las disposiciones contra la simonía y el concubinato de los eclesiásticos, señalándolos como los abusos fundamentales, de los que dependían los demás.





4. (Storia della Chiesa, dir. H. Jedin, vol. IV, p. 605).



5.(cfr. M. Parisse, Leone IX, en Dizionario storio del papato, dir. Ph. Levillain, vol. II, p. 853)

Movido por el más ardiente celo de la gloria de Dios y del bien de las almas, emprendió una vida de peregrinación de un territorio a otro, por Italia, Alemania y Francia, celebrando sínodos y alentando en todas partes a las fuerzas de reforma. De esta manera se ha podido afirmar que León IX llegó a hacer comprender prácticamente a todo el mundo cristiano que el Papa era quien gobernaba la Iglesia. El Papado, que hasta entonces era sólo un concepto más o menos elevado, se convirtió en una fuerza eficaz y tangible.


Particularmente significativa fue la campaña o peregrinación emprendida por León IX el primer año, 1049, de su pontificado, que tuvo como coronamiento los dos grandes concilios presididos por él, en Reims y en Maguncia7. Después de celebrar el sínodo de Roma en la dominica de Quasimodo, y otro en Pavía por Pentecostés, donde proclamó las bases de la reforma, atravesó los Alpes y se reunió con el emperador Enrique III, pariente e íntimo amigo suyo, y junto con él se dirigió a Colonia, donde celebró la fiesta de San Pedro y San Pablo. De allí pasó, con el mismo Enrique III, a Aquisgrán y Maguncia, y luego se detuvo en su amada diócesis de Toul, donde fue objeto de la más cariñosa acogida, El 14 de septiembre celebró en su catedral la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.



6 .Concilio (del latín concilium) es una reunión o asamblea de autoridades religiosas (obispos y otros eclesiásticos) generalmente efectuada por la Iglesia Católica u Ortodoxa, para deliberar o decidir sobre las materias doctrinales y de disciplina. Y Según el Canon 342 del vigente Código de Derecho Canónico, el sínodo de los Obispos o sínodo episcopal es una asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el romano Pontífice y los Obispos.



7. Cuando en el 1049 se celebró el Concilio de Reims, convocado por León IX, Enrique I , dejó clara su postura sobre la independencia del clero francés con respecto a Roma y los derechos del poder real frente a la Santa Sede. El concilio de Maguncia celebrado estado presente el Emperador Enrique el Negro. Hubo cerca de  cuarenta Obispos y se prohibió la simonía y los matrimonios de los sacerdotes.


Entretanto se había anunciado el gran sínodo que debía celebrarse próximamente en Reims, y, no obstante las dificultades que  fue oponiendo el rey de Francia Enrique I, el 14 de septiembre publicaba desde Toul una encíclica, por la que convocaba el gran concilio. Efectivamente, el 29 de septiembre llegaba el Papa a Reims: el 1º de octubre consagraba la iglesia abacial de San Remigio, y al día siguiente daba comienzo al gran concilio, uno de los más célebres en la historia de la Iglesia de Francia y de Europa.


En nombre del Papa, su canciller, Hildebrando, anunciaba a Francia y al mundo que la intención del Papa era procurar un remedio eficaz a los males de la Iglesia: "a la simonía, a la usurpación por los laicos de los cargos y rentas eclesiásticas, al desprecio de las más sagradas leyes del matrimonio, etc. El invitaba a todos a reflexionar delante de Dios acerca de los diversos artículos del programa que les proponía". El efecto de esta intimación pontificia fue, en realidad, grandioso. Naturalmente, ya en el concilio, y sobre todo después de él, tropezó con la enconada oposición de muchos, que no se avenían a entrar por el camino de la reforma. Pero el Papa, uniendo la energía con la habilidad y prudencia, y contando siempre con la ayuda de Dios, cuya causa sostenía, logró en este concilio y después de él innumerables éxitos.


Terminado el concilio de Reims, se encaminó de nuevo a Alemania, pasando por Verdún y Metz, donde consagró sendas iglesias, y llegó a Maguncia, donde celebró otro gran sínodo, en que renovó la proclamación realizada en Reims. Hecho esto, atravesando de nuevo la Alsacia y luego Ausburgo y Constanza, celebró las Navidades en Verona.


A primeros de 1050 se hallaba de vuelta en Roma. Semejantes peregrinaciones por el sur y norte de Italia y por el centro de Europa las repitió durante los años siguientes.

Indudablemente, la actividad eclesiástica de León IX fue beneficiosa y muy significativa para la iglesia, en la que se observa durante su pontificado un principio de resurgimiento. Y, aunque es verdad que debe atribuirse una parte importante del cambio iniciado a su archidiácono Hildebrando y a los demás colaboradores del Papa, debe reconocerse que el mérito principal recae sobre la energética  figura de León IX.


 Sin embargo, no fue tan afortunado en los asuntos temporales y en el desarrollo de la cuestión oriental. Efectivamente, a principios del siglo XI, los normandos se habían fijado en el sur de Italia, y en sus luchas contra los griegos y los musulmanes habían ido extendiendo progresivamente el área de sus dominios, destruyendo en su avance iglesias y monasterios y devastando los territorios eclesiásticos.


El Papa intentó primero entenderse con los griegos para oponerse al avance de tan terribles enemigos; mas, como fracasara en este intento, acudió entonces a Enrique III en demanda de socorro. Este exigió algunas concesiones del Papa, y, en efecto, envió un fuerte socorro, mas, por diversas circunstancias, la mayor parte de las tropas auxiliares enviadas por Enrique III se vieron obligadas a retirarse y volver a Alemania.Esto no obstante, decidiese el Papa a proseguir su campaña contra los normandos; pero bien pronto, el 18 de junio de 1053, sus fuerzas fueron completamente aniquiladas en Civitate, y el mismo León IX quedaba prisionero.


El resultado fue que, para resolver tan delicada situación, el Papa entregó a los normandos aquellos territorios en calidad de feudos y obtuvo su libertad; pero, consumido de tantos trabajos y emociones, murió poco después en Roma, en abril de 1054.


3. EL GRAN CISMA

Como sabemos la palabra cisma significa separación. El Cisma de Oriente y Occidente, también conocido como el Gran Cisma, es, pues, la separación del papa y la cristiandad de Occidente, de la cristiandad de Oriente y sus patriarcas, en especial, del Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

 El distanciamiento entre ambas Iglesias comienza a gestarse desde el momento mismo en que el emperador Constantino el Grande decide trasladar, en el 313 d.C., la capital del Imperio romano de Roma a Constantinopla; se inicia, prácticamente, cuando Teodosio el Grande divide a su muerte (395) el Imperio en dos partes entre sus hijos: Honorio, que es reconocido emperador de Occidente, y Arcadio, de Oriente; deja notarse a partir de la caída del Imperio occidental ante los pueblos bárbaros del Norte en el 476; se agudiza en el siglo IX por Focio, patriarca de Constantinopla, y se consuma definitivamente en el siglo XI con Miguel I Cerulario, también patriarca de Constantinopla.

Existen tres causas principales que motivaron al Cisma. La primera de tipo étnico pues existía la natural antipatía y aversión  entre asiáticos y europeos unidas al desprecio que sintieron los cristianos orientales hacia los latinos, a quienes consideraban contagiados de barbarie a causa de las invasiones germánicas.

La segunda de tipo religioso: las variaciones que con el paso del tiempo fueron imponiéndose en las prácticas litúrgicas dando lugar al uso de calendarios y santorales distintos; las continuas disputas sobre jurisdicciones episcopales y patriarcales que se originaron a partir de dividirse el imperio en dos;  y la opinión extendida por todo el Oriente de que al ser trasladada la capital del Imperio de Roma a Constantinopla, se había trasladado igualmente la Sede del Primado de la Iglesia universal.

Sin olvidar que las pretensiones de autoridad por parte de los patriarcas de Constantinopla, que utilizaron el título de “Ecuménicos8” a pesar de la oposición de los papas.


8. Ecumenismo es la tendencia o movimiento que busca la restauración de la unidad de los cristianos, es decir, la unidad de las distintas confesiones religiosas cristianas «históricas», separadas desde los grandes cismas. Si bien el término «oikoumenē» se utilizó desde los tiempos del Imperio Romano para expresar al mundo como unidad, en la actualidad la palabra «ecumenismo» tiene una significación eminentemente religiosa, y es usada primordialmente para aludir a los movimientos existentes en el seno del cristianismo cuyo propósito consiste en la unificación de las diferentes denominaciones cristianas, separadas por cuestiones de doctrina, de historia, de tradición o de práctica.




La negativa de los patriarcas de e los patriarcas de Oriente a reconocer esa autoridad sobre la base de la Sagrada Tradición Apostólica y las Sagradas Escrituras, alegando que el obispo de Roma sólo podía pretender ser “primus inter pares9”; y la intromisión de los emperadores en asuntos eclesiásticos, creyéndose pontífices y reyes, y pretendiendo decidir ellos solos los graves problemas de la Iglesia. Y por ultimo de tipo político como fue la búsqueda de apoyo por parte de  los papas en los reyes francos y la restauración en Carlomagno del Imperio de Occidente (s. IX) mermaron prestigio a los emperadores de Oriente, que tenían pretensiones a la reunificación del antiguo Imperio romano.

A estas causas de carácter general pueden añadirse los cargos —en realidad, pretextos— que los patriarcas Focio y Cerulario imputaron a la Iglesia de Roma, y que pueden resumirse en los cuatro siguientes: Que los papas no consideraban válido el sacramento de la confirmación administrado por un sacerdote; que los clérigos latinos se rapaban la barba y practicaban el celibato obligatorio; que los sacerdotes de la Iglesia Romana usaban pan ácimo en la Santa Misa, práctica considerada en Oriente una herejía de influencia judaica; y, en fin, que los papas habían introducido en el credo la afirmación de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo10, en contra de lo que sostenían los patriarcas orientales, que no reconocían esta última procedencia.


9. La frase del latín primus inter pares (femenino prima), significa literalmente 'el primero entre iguales'. Se encuadra, en principio, en el campo de la política, haciendo referencia originalmente a la figura del emperador en las primeras fases del Imperio romano, buscando aplacar a aquellos que habrían querido un retorno de la República Romana.

10. (“Credo in Spiritum Sanctum qui ex Patre Filioque procedit”)





Los personajes  que intervinieron en el Cisma fueron Miguel III el Beodo (838-867), emperador de Oriente (último de la dinastía de los Isauros); César Bardas, tío del emperador y regente del Imperio durante su minoría de edad; Gregorio Asbesta, metropolitano de Siracusa; Focio, secretario de la Cancillería imperial, y Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla quien definitivamente lo lograría en 1054.

Y por otro lado los o defensores de la unidad de la Iglesia y la primacía de Roma como  los papas Nicolás I, Adriano II, Juan VIII y León IX; Ignacio, patriarca de Constantinopla, y la emperatriz Teodora, madre del emperador Miguel III y hermana de Bardas.

Vamos a detenernos en la figura interesante de Miguel I Cerulario (1000 - 1059) .Un hombre altivo, prepotente y ambicioso, de poca formación intelectual, pero lleno de odio contra la Iglesia romana. Elevado a la Sede Patriarcal de Constantinopla en 1043, su ministerio coincidiría con el del papa León IX, y ambos consumarían el cisma que se venía gestando entre ambas Iglesias.

Su enfrentamiento con Roma se inicia en 1051, cuando, tras acusar de herejía judaica a la Iglesia romana por utilizar pan ácimo en la Eucaristía, ordena que se cerrasen todas las iglesias de rito latino en Constantinopla que no adoptaran el rito griego, se apodera de todos los monasterios dependientes de Roma y arroja de ellos a todos los monjes que obedecían al Papa, y dirige una carta al clero en la que renovaba todas las antiguas acusaciones contra las dignidades eclesiásticas occidentales. La delegación oficial de la Iglesia Ortodoxa griega es recibida por un Papa en el Vaticano, por primera vez desde que se produjo el Cisma entre Oriente y Occidente en el año 1054.

 En el año 1054, el papa León IX envió a Constantinopla una legación encabezada por el cardenal Humberto de Silva y los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi, portando un escrito en el que se conminaba a Cerulario a la retractación de algunos aspectos en conflicto y un decreto de excomunión en caso de que éste se negase a ello, pero el patriarca se negó a recibirlos y tratar con ellos. Ante esta actitud, los legados papales publicaron su “Diálogo entre un romano y un constantinopolitano”, plagado de burlas contra las costumbres griegas, y, el 16 de julio de 1054, depositaron la bula de excomunión en el altar mayor de la iglesia de Santa Sofía, en Bizancio (antes Constantinopla), y abandonaron la ciudad de inmediato.

Unos días después, el 24 de julio, el patriarca Miguel I Cerulario quemaba públicamente la bula papal y excomulgaba al cardenal Humberto y a su séquito. El cisma entre ambas Iglesias, que aún se perpetúa, se había consumado.


Como hemos dicho anteriormente , aunque el inicio del Gran Cisma queda fechado en la Historia a partir del papado de León IX, cuando este ya había muerto, lo que implica que cualquier actuación llevada a cabo por el cardenal Humberto carecía ya de validez como legado papal, y, por otra, las excomuniones afectaban a individuos, no a Iglesias.


Respecto al proyecto de una alianza papal-bizantina en Italia meridional, Cerulario sospechó un aumento del influjo latino y una subordinación de la Iglesia italiana del Sur a la jurisdicción romana, en el caso de una victoria del papa contra los normandos. Para alejar la alianza militar con Roma, el patriarca creó una áspera polémica antilatina. En su nombre, el arzobispo León de Acrida u Ocrida (actual Macedonia) dirigió un Tratado al arzobispo Juan de Trani en 1053, en el cual no se tratan cuestiones teológicas del tipo del Filioque, sino de divergencias rituales, que incluso simples fieles podían captar. Las acusaciones a los latinos se referían a asuntos como ayunar el sábado, usar pan ázimo para la Eucaristía, que según el autor era una recaída en el judaísmo.

Como los latinos se negaban a celebrar la Eucaristía con pan fermentado, en lugar del ázimo, el patriarca hizo cerrar las iglesias latinas en Constantinopla. Incluso en esta ocasión se produjeron profanaciones de hostias consagradas latinas.

En el ambiente romano, Humberto de Silvacándida leyó este panfleto antilatino y decidió responder rápidamente. En su respuesta exageró el primado papal y las pretensiones del papa sobre Italia meridional. A la Iglesia griega Humberto le objetó más de 90 herejías. La posibilidad de un entendimiento entre griegos y latinos a penas fue tratada por Humberto.

En este momento la situación política en Italia se había agravado. El ejército del papa había sido derrotado el 16.07.1053 en Civitate, el propio papa había sido arrestado por los normandos y las tropas bizantinas de Argyro también habían sido vencidas. Con todo ello, ni siquiera el patriarca podía mantener su oposición.

El emperador bizantino pide el envío de legados pontificios para recomponer la relación entre Roma y Constantinopla. No fue un buen augurio que Humberto, acompañado por Federico de Lorena, futuro papa Esteban IX, y del arzobispo Pedro de Amalfi, fueran los miembros de la delegación, que será la responsable también de la excomunión. Una carta del papa al emperador bizantino que llevaban consigo propone de nuevo un pacto contra los normandos, pero al mismo tiempo renovaba la petición de una restitución de la jurisdicción pontificia sobre Italia meridional y los Balcanes, la antigua Iliria. Mucho más descortés era la carta del papa al patriarca; en ella le echaba en cara que había despreciado los ritos latinos, de tender hacia un primado sobre los demás patriarcados, de llamarse patriarca ecuménico, acabando por poner en duda su propia ordenación. Probablemente este último escrito, al menos en lo concerniente a la ordenación de Cerulario, habría estado escrito por Humberto.

El emperador bizantino, Constantino IX Monómaco recibió a los legados, que habían llegado en abril del 1054, de una manera abierta y cordial. Al comienzo se tuvo la impresión de que los tratados iban bien. El patriarca, que estaba junto al emperador, se mostró mucho más frío. Por el momento sólo se consignó la carta del papa.En las semanas siguientes el patriarca no mostró ningún deseo de reaccionar o responder al escrito papal o mostrar algún paso hacia una conciliación. Humberto comenzó a movilizar al público contra el patriarca. Se movía con una versión griega de su respuesta polémica al Tratado de León de Acrida11.

Un monje bizantino, Niketas Stethátos12 (Nichetas Pectoratus), se lanzó por su cuenta a defender el uso del pan fermentado contra la praxis latina del pan ázimo, así como la práctica del ayuno y el celibato del clero. Humberto pierde entonces la paciencia y responde al monje con un libelo polémico de pésimo gusto.

11. A mediados del siglo XI, el arzobispo búlgaro León de Acrida escribió una carta en la que atacaba a los cristianos latinos por utilizar pan sin levadura en la comunión, y por hacer del celibato eclesiástico una ley universal.

12. Nicetas Estetatos ( griego : Νικήτας Στηθτος, América :.. Nicetas Pectoratus, c 1005 - c 1090) Iglesia Ortodoxa Oriental fue un bizantino místico y teólogo que sea considerado santo .  Seguidor de Simeón el Nuevo Teólogo escribe la biografía más completa de Simeón, Vida de Simeón.

Para no comprometer la alianza proyectada entre el ejército papal y el bizantino contra los normandos, el emperador fuerza a Niketas a excusarse con Humberto y a destruir su escrito. Pero Humberto, no contento con esto, comenzó a hablar del Filioque13, de lo que hasta ahora no se hacía mención en la controversia. Al final, y culminación de los contrastes, Humberto unido a sus compañeros depone una bula de excomunión sobre el altar de la Agia Sophia y se aleja con las palabras: .Dio veda e  giudici., era el 16.07.1054.  Existe  una breve descripción de todo ello del propio Humberto llamada Umberti brevis et succinta commemoratio, y también la propia bula. Cuando un diácono corría detrás de él con la bula para devolvérsela, Humberto no la aceptó; la bula cae sobre el suelo y allí permanece hasta que uno la cogió y se la llevó al patriarca.

La bula, redactada por Humberto, era bastante injuriosa, llena de falsas acusaciones. Al pseudopatriarca no sólo se le echaban en cara usos griegos como el matrimonio de los sacerdotes (calificándole de nicolaísta.), también se le acusa de rebautizar a latinos, de lo que no tenemos ninguna prueba, favorecer la simonía, prohibir a los hombres afeitados la comunión y de haber quitado del credo el Filioque. Por todo ello la bula castiga con la excomunión al patriarca Miguel Cerulario, al arzobispo León de Ocrida y a sus partidarios.

No sabemos si el emperador Constantino conocía el contenido de la bula cuando los legados partieron sin haber consignado un pacto. Cuando fue informado por el patriarca del contenido, el emperador intentó sin resultado volver a traer a los legados papales para darles la posibilidad de exponer sus puntos de vista delante de un sínodo.

Humberto no lo desea y marcha. Todavía Cerulario no quería renunciar a una decisión sinodal. El 20 de julio, Cerulario excomulgó por su parte a los autores de la bula. El 24 se repite la misma excomunión en un sínodo de 16 metropolitanos y 5 arzobispos. Poco después un Una tradición muy canonística de la bula de excomunión olvida que en aquel tiempo las dos iglesias se identificaron con sus rituales


13. En la teología cristiana la cláusula filioque, o controversia filioque, hace referencia a la disputa entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa por la inclusión en el Credo

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De esta manera los muros de separación se construyeron con el material ritualístico. Formalmente se puede razonar, como lo hacen los manuales, que la bula de Humberto era inválida, ya que al momento de la acción el papa León IX ya se había muerto (19.04.1054), mientras que la bula es del 16.07.1054, además Victor II sucede a León IX en 1055, por lo que en ese momento no había papa. Según el Derecho Canónico el encargo de una legación pontificia cesa con la muerte del papa. No podemos establecer si los legados lo sabían o no.

En un examen histórico es muy oportuno proponer el problema de la culpa. Por lo que se refiere al aspecto personal de la última fase, es claro que Humberto era la persona menos indicada para realizar un acercamiento. El sostenía el derecho primacial romano, remontándose incluso a la falsa donación de Constantino, que era un falso de la Iglesia Latina desconocido en la Bizantina. Se expresa en el espíritu del futuro dictatus papae14. Su arrogancia fue un obstáculo en los acuerdos desde el comienzo.

14«Dictatus papae» recogían el ideario politico-religioso del papa Gregorio VII. Algunos historiadores argumentan que fueron escritos (o dictados) por el propio Gregorio VII; otros consideran que fueron redactados posteriormente y que tienen un origen distinto para justificar el poder papal. En el año 1087 el Cardenal Deusdedit publicó una colección de decretos, dedicados al Papa Víctor III, que representaban la ley del canon eclesiástico que había recogido de diversas fuentes, tanto legítimas como falsas (como el Pseudo-Isidoro). Los Dictatus Papae coinciden tan estrechamente con esta colección, que existen varias teorías que argumentan que se basaron en ella; y que por lo tanto los Dictatus fueron recopilados y redactados posteriormente al año 1087.

Los principios expresados en los Dictatus Papae resumen en gran parte los principios de la reforma gregoriana, que había sido iniciada por Hildebrando de Toscana antes de convertirse en el Papa Gregorio VII. El axioma con el que se arrogaba el derecho de deponer emperadores disolvió el equilibrio altomedieval simbolizado por las "dos espadas", el poder espiritual y el poder temporal, los poderes complementarios de la potestas (o imperium) y la auctoritas que había regido en Europa Occidental desde la época de los merovingios y carolingios, basado en precedentes romanos.Según los Dictatus Papae, la unidad de la sociedad cristiana queda cimentada sólo por la fe. El orden laico no tiene otra función que ejecutar las órdenes formuladas por el clero y su monarca absoluto, el Papa, vicario de Cristo. De hecho, es el Papa el único titular legítimo del Imperio, que puede delegar su poder en los soberanos temporales y reprender su gobierno. El Emperador es considerado como un simple cooperante subordinado del Papa.Esos nuevos postulados daban pie a la denominada "Hierocracia" (el Papa es el soberano absoluto). Debido a su contenido político, estos decretos no fueron publicados ni en el Sacro Imperio Romano Germánico, ni en los reinos ibéricos ni en Inglaterra.


Más importante e interesantes resulta e el problema de la culpa histórica, que la encontramos en una y otra parte. Si bien un cisma formal no puede ser constatado, lo que cuenta es que en el 1054 fue acentuada todavía una vez más la creciente divergencia entre las dos iglesias; podríamos decir que fue un enfriamiento hasta cero de las relaciones por parte de las dos iglesias en un proceso como sabemos que había tenido sus inicios muy tempranos y que existiendo estaban comedidos y muy cuidados hasta que unas circunstancias muy desfavorables que son las que hemos descrito rompieran ese muro de contención.

Mas adelante con experiencia de las Cruzadas  se confirmaría  a una confirmación de la ruptura entre ortodoxia e Iglesia Romana. Desastrosa fue sobre todo la IV Cruzada, con la conquista de Constantinopla en 1204 y la erección de un imperio latino en Constantinopla con un patriarca latino.

Los patriarcas orientales de por sí no estaban involucrados en aquel asunto de la excomunión, pero se acercaban más a la posición de Constantinopla. Las iglesias fundadas por Bizancio, que más tarde llegaron a ser iglesias ortodoxas autónomas, autocéfalas, se desarrollaron con la bandera del contraste cada vez más profundo  por ello incluso la iglesia rusa a aceptado la posición de Bizancio.


4. VALORACIÓN FINAL              

El gran Cisma de Oriente se debe pensar como el resultado de un proceso largo  de idas y venidas. Podemos decir que el cisma es más bien el resultado de un proceso muy gradual. Sus causas remotas deben buscarse siglos antes de que hubiera una sospecha siquiera del resultado final. Pues se sucedieron una serie de cismas temporales que aflojarían el vínculo y prepararían el camino hasta Miguel Cerulario. Hemos analizado los antecedentes durante el trabajo para explicar las causas que prepararon el camino al proceso.

Como sabemos no olvidemos que las cabezas de la Cristiandad eran los Patriarcas. Después de Calcedonia (451) debemos contar cinco patriarcados15: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Siempre existió una diferencia entre Oriente y Occidente no  olvidemos que el Papa representaba para los cristianos orientales una autoridad remota y extraña. Toda la lealtad en Occidente iba dirigida a Roma, Iglesia Madre y por otra parte  la lealtad de los cristianos de Oriente iban primero hacia su patriarca. Además existían diferencias idiomas y ritos que fue uno de los principales gérmenes del proceso. Indudablemente ambos lados sabían que otros ritos eran igualmente modos legítimos de celebrar los mismos misterios, pero la diferencia había difícil orar juntos. Como sabemos  éste fue un punto importante en las reclamaciones contra asuntos puramente rituales hechas por Cerulario cuando buscó bases para disentir.

15. El patriarcado es un grupo de diócesis que hacen referencia a un obispo que tiene el título de patriarca. Se definen como patriarcal tanto a las diócesis como a las iglesias que son sede del patriarcado y del patriarca. En los primeros años de la historia cristiana se trataba como 'padre' a todos los obispos, pero, poco a poco, fue reservándose el título de patriarca para los metropolitanos de algunas diócesis, todas ellas fundadas por uno de los apóstoles, que tenían una relevancia especial en el gobierno de la Iglesia universal. Esta denominación específica aparece en los escritos de los Padres de la Iglesia, y ya está plenamente aceptada y establecida en el Concilio de Nicea I (325), donde el tratamiento y dignidad patriarcales se reserva sólo para cuatro obispos metropolitanos.


Aun el detalle del idioma fue un elemento de separación. Es cierto que el Este nunca fue enteramente helenizado como Occidente llegó a ser latinizado. Sin embargo, el griego llegó a ser en un alto grado un idioma internacional en el Este. En los concilios de Oriente todos los obispos hablan en griego. De nuevo tenemos así las mismas dos unidades, esta vez en el idioma un Oriente prácticamente griego y un Occidente totalmente latino. Es difícil concebir este detalle como causa de alejamiento, pero es indudablemente cierto que muchos malentendidos surgieron y se desarrollaron simplemente porque la gente no podía entenderse entre sí.  No fue sino hasta el Renacimiento que llegó la época de adecuadas gramáticas y diccionarios.

San Gregorio (m. 604) había sido enviado eclesiástico en Constantinopla, pero según parece no aprendió griego; el Papa Virgilio (540-55) pasó ocho infelices años allí y sin embargo, nunca aprendió el idioma. Focio fue el erudito más profundo de su época, sin embargo no sabía latín. Cuando León IX (1048-549) escribió en latín a Pedro III de Antioquía, éste último tuvo que enviar la carta a Constantinopla para saber lo que ésta decía. Tales casos ocurrían continuamente y causaban confusión en todas las relaciones entre Oriente y Occidente.

En los concilios, los legados papales se dirigían en latín a los padres reunidos y nadie podía entenderlos; el concilio deliberaba en griego y los legados no sabían qué estaba sucediendo. Se llamaron intérpretes, aunque, ¿podían sus versiones ser dignas de confianza? Surgió una profunda desconfianza de parte de los latinos acerca de la habilidad griega en este asunto. A los legados se les pedía firmar documentos que no entendían en base a reiteraciones de que no contenían nada que los comprometiera.

La división entre las mitades Oriental y Occidental en la iglesia también tuvieron mucho que ver con la realidad política y geográfica del imperio romano. La desunión política del imperio romano tuvo una réplica en la iglesia. El último emperador romano que gobernó sobre el imperio unido fue Teodosio el Grande, que murió en el 395 D. C. Entonces, el imperio fue dividido en las mitades oriental y occidental, cada una teniendo su propio emperador. El imperio romano occidental  fue destrozado por las invasiones bárbaras a finales del siglo quinto, mientras que el imperio romano oriental, o el imperio bizantino, continuó con su capital en Constantinopla, la moderna Estambul, en Turquía. Las iglesias de Roma y Constantinopla crecieron en poder y se convirtieron en rivales más por su condición política que por cualquier razón espiritual o religiosa.

En los primeros siglos, la autoridad eclesiástica se había concentrado en cinco obispos, en los principales centros cristianos: Alejandría, Antioquía,  Constantinopla, Jerusalén y Roma.Esto había ocurrido tan temprano como el cuarto siglo D. C.Es cierto que la combinación de estas causas no son lo suficientes para lograr el proceso pero simplemente lo hago constatar para marcar las diferencias que existieron desde un principio. Lo más cierto sin duda es que la debilidad del Romano Pontífice (León IX) o la situación de decadencia de los papas en general haya sido causa directa del cisma sin olvidar los antecedentes que le allanaron el camino.

Resulta significativo aportar que durante todo el siglo X y principios del XI cuando el Papado y la Iglesia occidental tiene su mayor depresión y abatimiento no se verifica la separación sino que vino a concluirse en el pontificado de León IX, a pesar de que la Iglesia y el Papado habían realizado ya un avance notabilísimo en su reforma y rehabilitación. Sin duda las circunstancias desfavorables que le toco vivir al Papa y que hemos nombrado son la  verdadera causa de que pudiera lograrse el cisma. No olvidemos que la oposición latente desde antiguo de la Iglesia oriental frente a la occidental siempre  fue constantemente  y en aumento, con lo que bastó esa  ocasión para que estallara en la forma violenta del cisma.

El mismo resurgimiento de la Iglesia occidental, promovido por la reforma cluniacense y la enérgica actividad de León IX, aumentó la oposición existente, de la que se aprovechó el patriarca Miguel Cerulario para realizar aquella separación, que le colocaba a él a la cabeza de la Iglesia griega. León IX no pudo impedir el curso de los acontecimientos, que entristecieron los últimos momentos de su vida.Sabemos que León IX durante los últimos meses de su vida, sintiéndose herido de muerte, dio los más insignes ejemplos de piedad y de resignación cristiana. El pueblo romano, que le profesaba un amor entrañable, sintió profundamente su muerte, ocurrida en la plenitud de su edad viril, contando cincuenta y dos años. Sobre su tumba se esculpió este epitafio:“Roma vencedora está dolida al quedar viuda de León IX, segura de que, entre muchos, no tendrá un padre como él.”


Su pontificado fue realmente lleno por su celo infatigable y su incesante actividad, movida por el más puro amor de Dios, inició eficazmente aquel movimiento de reforma que luego continuó hasta llegar a su más perfecto desarrollo.


5. Bibliografía


·         Diccionario portátil de los concilios: que contiene una suma de todos los ...Escrito por Pons Augustin Alletz


·         Historia de la Iglesia, Historia Antigua y Medieval por J. Orlandis



·         Nueva Historia de la Iglesia. Volumen II Escrito por M. D. Knowles,Dimitri Obolensky,C. A. Bouman

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