jueves, 1 de agosto de 2013

Resumen de las medidas del Tiempo en la Historia de Muñoz Box


 1. Introducción

Antes de adentrarnos en temas más profundos debemos empezar conociendo la importancia de los términos tiempo y medida. En un principio damos por supuesto que el tiempo es medible, que existen instrumentos y procedimientos fiables de medida con un resultado suficientemente aceptable. Estos instrumentos deben de estar adecuados a las unidades de las que se intenta medir. No olvidemos que la naturaleza nos ha otorgado el día como unidad primordial. Por debajo de esta unidad estarían los relojes y por encima los calendarios. Por ello el autor divide el libro en estas dos partes fundamentales que vamos a desarrollar. 




Desde pequeños el tiempo forma parte de nuestra realidad y sabemos también que uno de los anhelos de la humanidad ha sido querer dominarle pues en todas las épocas históricas ha tenido su suma importancia. Al tratar de las medidas del tiempo, estamos haciendo historia de la cultura y de la civilización. Es más sabemos que dependiendo del grado de civilización habrá mayor o menor perfección en sus calendarios. Al estudiar el tiempo en el contexto de la historia tendríamos que hacer primero un estudio del tiempo en dos vertientes: la filosófica y la científica, pues tenemos que intentar saber cómo se trato de definir el tiempo y como se empezó a medir esa con magnitud física. El autor nos indica que es importantes analizar no solo como lo median sino también que idea se hacían del tiempo tanto en ambientes intelectuales como en otros (artesanos, feudales) y tanto en lo civil como en lo religioso. 

Podemos añadir que la manera de cómo el individuo a percibido el tiempo siempre ha estado más ligado a las necesidades fisiológicas como comer y dormir que a la observación del movimiento de la esfera. Por otro lado debemos hacer mención de la aparición de la historia, encargada de poner por escrito los sucesos acaecidos en un cierto tiempo, y con ella aparece la cronología. Una ciencia encargada de colocar y descubrir los sucesos en el orden en que fueron ocurriendo. Es cierto que tal ciencia es relativamente reciente y que se encuentran con diversos problemas del modo de contar las diversas Eras dependientes de cada pueblo. Incluso hubo teóricos en la antigüedad que trataron de solventar este problema como el caso de Eratóstenes. 

Es difícil de determinar el padre de la Cronología pero destaca S.Beda llamado durante siglos S.Beda el Venerable que intento en el siglo VII compaginar los sucesos narrados en la Biblia con los que se conocían en otras fuentes antiguas, dejándonos por otro lado una magnifica Historia de Inglaterra. En la Edad Moderna tendremos que citar del siglo XVI a José Escaligero, hijo de un príncipe renacentista italiano quien se enfrento a la Iglesia por causa de la Reforma Gregoriana y que fue un magnifico conocedor de las épocas históricas. Su antagonista fue el jesuita Crisóforo Clavio a quien se debe la culminación de reforma que aplico el papa Gregorio XIII. En los siglos XVII y XVIII están dos cronólogos jesuitas Giambattista Riccioli y Denis Petau que analizaron también los calendarios y el fundamento astronómico de los mismos abundando en el complejo problema de las cronologías. Quienes estudian este problema saben que no solo tienen que compaginar las diversas épocas, sino también la multitud de calendarios.

 La cronología divide los hechos históricos en épocas y eras. Por otra parte disponemos del calendario que es el modo y sistema que tenemos de numerar, clasificar y fijar el paso de los días. Los calendarios surgieron de la observación de la bóveda celeste. Existen calendarios lunares o meramente solares y calendarios lunisolares de la cultura cristiana basados no solamente en el ciclo anual del sol (estaciones) sino también de las lunaciones (presencia de los meses). Sabemos también que el establecimiento de los calendarios fue tanto por parte civil como religiosa. En la antigüedad no estaba al alcance de toda la medida del tiempo. Tal medida supone una gran complejidad y al instaurar un calendario no solo se buscaba la clasificación del transcurrir de los días sino que fijar las fiestas y celebraciones que venían ligadas con las estaciones a las labores del campo, como las siembras y las cosechas o cualquier otro tipo de conmemoraciones. 


 La cronología y el problema del tiempo tuvieron una edad dorada en la Edad Media, cuando aparecen las primeras órdenes monásticas con sus rezos a horas fijas y con la celebración de las fiestas cristianas. Fue donde aparecieron los primeros relojes mecánicos capaces de dar las campanadas encargadas de regular la vida religiosa. Luego son los monjes quienes hicieron avanzar las ciencias de la cronología y de la horalogia. Pero la vida civil también necesitaba ser regulada de modo cualitativo…Si el amanecer iniciaba para los ganaderos la hora para dar de beber al ganado y sacarlo a pastar, si la comida principal estaría determinada por el paso del sol por el meridiano o mediodía y la recogida del ganado, el ordeño y la colación nocturna estarían ligadas a la puesta del sol, fue gracias al transcurrir de las estaciones tan ligada a los cultivos y las cosechas lo que hizo que la vida civil dependiese mas del calendario que de el reloj.


 Los hombres poderosos al tener la necesidad de reseñar los acontecimientos más señalados fueron los que iniciaron una nueva forma en la cuenta del tiempo, como son las Eras. Sobre todo la Era de la fundación de Roma, en 754 a. C tuvo una repercusión directa al modo de introducir los calendarios e incluso se ha tenido en cuenta para determinar el inicio de la Era cristiana. Pero también en el mundo romano en el 509 a.C la Era consular que supuso un cambio de política romana y más tarde con los Emperadores hubo una gran proliferación de eras, ya que cada uno de ellos, o sus seguidores pretendían iniciar con ellos el cómputo de los tiempos.

 La Era de Diocleciano, tuvo especial importancia pues tras la caída de Roma es la que tuvo en cuenta casi todo el mundo bárbaro y comenzó en nuestro año 284. Hacia el 525 Dionisio el Exiguo quiso que se instituyera la Era Cristiana y no será hasta el siglo XV cuando todo el mundo cristiano se dirija por ella. Hoy conocemos las tres Eras más importante, Cristiana, Judía y Musulmana. Acomodándonos en la narración del Génesis de la Creación en siete días, dedicados cada uno a un planeta o bien inventando semanas más o menos largas que sirviesen desde la antigüedad para las subdivisiones del mes. Pero las dificultades empiezan cuando nos damos cuenta del que el mes no comprende un número entero fijo de días, ni el año un número entero de lunaciones y ni siquiera de días.

La situación ideal de meses de 30 días y años de 360 no se da y el problema fundamental es establecer la equivalencia precisa entre unas y otras unidades. En primer lugar determinar la duración exacta de los meses y el número de los días que han de transcurrir para considerar iniciado un nuevo ciclo anual. Desde antiguo se pensó que quizá podría haber coincidencias en ciclos mayores, lo que contribuiría a resolver el problema. Pues dará origen a los años bisiestos, y si un año no tiene un número entero de lunaciones, diecinueve años podrían contener un número entero de las mismas, que el llamado ciclo de Metón. Con el siguiente procedimiento: A cada año se le asignaba un número del 1 al 19, se debía a que Metón había comprobado que el ciclo lunar de las fases se repetía en una determinada fecha del calendario cada diecinueve años. Lo interesante de este ciclo, y lo erróneo, es que según él la luna nueva no puede suceder en cualquier día del mes, porque si el ciclo se repite al cada de diecinueve años, en cada mes solo hay diecinueve fechas en las que sí se puede dar a la luna nueva y otras en que nunca se podrá dar la circunstancia.

 Al estudiar correctamente el comportamiento temporal de los cuerpos celestes es preciso hablar de astronomía. Hasta fechas muy recientes la única información que los astros nos proporcionaban era la visual. Esta ciencia empezó fundamentalmente en el estudio de la posición y sus movimientos con lo cual pudieron diferenciarse los astros fijos y los errantes. En primer lugar para fijar su posición se buscaba un punto espacial sobre la cabeza del observador llamado zenit y otro opuesto en los pies del observador llamado nadir. Este sistema se le denomino sistema horizontal de posicionamiento o de coordenadas horizontales. Se hace pasar otro plano por el zentit y un determinado punto y a dicho plano o círculo máximo se le llama meridiano. El punto de corte del meridiano con el plano del horizonte determina un punto norte en la línea del horizonte que establece la dirección norte de los mapas terrestres con lo que se puede especificar a partir de ese punto del horizonte un ángulo acimutal que va desde 0º a 360º y que en general aumenta en sentido horario visto desde el zenit. 

Cuando se quiere fijar la posición de un astro se hace pasar por él un plano paralelo al horizonte, la almicantarada, y otro plano vertical que a su vez pase por el zenit. Este plano forma un azimut y en ese mismo plano se delimita también el ángulo entre el horizonte y el astro llamado altura. La medida del azimut no es difícil se utilizan teodolitos medidores de ángulos o goniómetros, en los que la dirección del norte del horizonte está indicada generalmente por una brújula. Y para determinar la altura se han utilizado las ballestillas y los cuadrantes, sextantes y octantes. El sistema horizontal de posicionamiento tiene el inconveniente de que el azimut y la altura de cualquier astro varían continuamente con el tiempo.

Sabemos que la bóveda gira arrastrando en su movimiento a todos los astros pero algunos tienen un movimiento propio en la bóveda, los planetas y otros permanecen fijos que son las estrellas fijas. Los planetas y el Sol y la Luna tenían un movimiento irregular. El sol tenía un movimiento retrogrado continuo dando una vuelta completa en el plazo de un año y la luna en el plazo de un mes. El sol recorría las doce constelaciones llamada hoy zodiaco sin olvidar la franja decimotercera, Offuco, también atravesada por el sol en la constelación de Escorpio que se ha prescindido pues se consideraba que era un estorbo para la secuencia de las doce casas. La luna presenta en su ciclo diversas formas o fases: llena, menguante, nueva, creciente que forman parte del mes sinódico. La luna siempre nos presenta la misma cara, y en los eclipses de luna la parte oscura está producida por la sombra de la Tierra y como siempre tienen lugar en luna llena significan una sombra en pleno día lunar.

El sol realiza un giro alrededor del eje “polo norte polo sur”. Se dice que cambia su declinación cada día. En nuestra altura mediterránea se observó que el Sol, aunque sale siempre cerca del este y se pone cercano del oeste, no lo hace siempre por los mismos sitios. Conforme a las leyes de Kepler dos puntos de máxima y mínima distancia entre el Sol y la Tierra. Son el afelio y el perihelio. La línea mínima distancia entre el sol y la Tierra de los ápsides y en un principio la tierra tardara seis meses en pasar de un punto a otro y un año en volver al mismo punto. El invierno o el verano no coinciden con el hecho de que la tierra este más cercana o más lejana al Sol. De hecho es invierno cuando más se cerca está luego hay que descartar que la razón o existencia de las estaciones esté sujeta a dicha causa.

Es importante añadir que el plano que contiene el Sol y la Tierra no es el mismo que el plano del ecuador terrestre, entre ellos existe un ángulo que se llama oblicuidad. Es decir que la Tierra gira oblicuamente a dicho plano, presentando hacia el Sol unas veces el Polo Norte y a los seis meses el Polo Sur y es responsable de las estaciones. No olvidemos que cada hemisferio recibe distintas horas de sol a lo largo del año y en consecuencia hay noches largas y días cortos en uno de los hemisferios, y lógicamente es invierno, mientras que en el otro es verano y sucede lo contrario. Si señalamos en la órbita los puntos en que se halla la Tierra al encontrarse en los equinoccios, llamaremos nodos a dichos puntos y la línea de nodos a la que los une. También tardara seis meses la Tierra en pasar de uno a otro y un año en hacer el recorrido completo.

 2. La medida del mes y del año: 


El Calendario Al analizar los calendarios (medida ordenada de los días en ciclos mensuales o anuales) lo primero que debemos señalar que existen lunares o solares. Sabemos que la cultura mediterránea es heredera de la cultura griega (influenciada del mundo caldeo a través de los egipcios) y de la romana. Por ello empezaremos conociendo el calendario Egipcio. El antiguo Egipto estaba determinado por las anuales crecidas del Nilo con lo cual su calendario era reflejo de esta periodizad. Quizás por influjo de los Babilonios el año comenzaría teniendo 360 días y hay que añadir que hay certeza que se hubiese añadido cinco días más embolismícos de manera de que el año egipcio tenía 365 días. Los egipcios en su observación del cielo, debido a su latitud tenían en cuenta la conspicua aparición en la bóveda de la estrella Sirio, el α del Can Mayor que es la estrella más brillante. Sabemos que Sirio es una estrella doble, ya que Bessel, el gran astrónomo y matemático nos hablo de dos estrellas Sirio A y Sirio B. El Can Mayor es la constelación donde se encuentra la estrella Sirio y se desplaza en la bóveda celeste respecto al sol a lo largo del año como todas las constelaciones. Por otro lado el hecho del que el Sol alcance otra vez la constelación del Can Mayor se le ha llamado año...

Dispones del resumen completo por capítulos aquí 

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