miércoles, 31 de julio de 2013

Comentario Texto del P. Martin Dobrizhoffer

 Introducción 


 La obra de Martin Dobrizhoffer, un misionero jesuita, no ha sido vertida al castellano hasta nuestro tiempos, existiendo rarísimos ejemplares de las primeras ediciones en latín y alemán, que dificultaba su consulta. Furlong acepta como probable la existencia de versiones castellanas e italianas per las cree desconocidas. En el siglo pasado el Dr. Emilio H. Padilla tradujo parcialmente su obra. Lo mismo que el educador francés Amadeo Jacques a pedido de Mitre, pero siempre se trataba de versiones parciales.

Furlong publicó en la década del 30 “Entre los Abipones del Chaco, una síntesis de la obra de Dobrizhoffer y a la que agregó documentos relativos a otros jesuitas misioneros. Finalmente, entre 1967 y 1971, se publica completa la Historia de los Abipones, Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste(Santa Fe: Imprenta de la Universidad Nacional del Litoral). En esta publicación existe un estudio preliminar o noticia biográfica y bibliográfica sobre Dobrizhoffer, que es una segunda versión de los dos trabajos anteriores que Furlong había publicado.


 Hoy se cuenta con una obra completa, con traducción original del alemán realizada por Edmundo Wernicke, revisada por los profesores Clara Vedoya de Guillén , Helda Nilda Goicochea y Ernesto Maeder. Gracias a ello tenemos un completísimo material sobre la etnia abipona, con notables observaciones de la naturaleza, la flora, la fauna y la geografía de nuestra región chaqueña. Los temas históricos ubican al lector extranjero y lejano, la vida cotidiana americana y sus habitantes de fines del siglo XVIII, en el gran escenario del Chaco Argentino, situó a los Abipones. 1.


 Martín Dobrizhoffer nació el 7 de setiembre de 171, en una localidad germana llamada Friedberg. Furlong, en sus primeros apuntes biográficos de 1928, lo tiene como natural de Austria, Posteriormente, en su prólogo a la edición de la "Historia…", afirma que es originario de Friedberg, Alemania Occidental. Según los catálogos de la Compañía de Jesús de l737y 1740, es de un Friedberg. La mayoría de sus biógrafos, como sigue sosteniendo Furlong, lo hacían natural de Friburgo. La cuestión sigue a oscuras porque en Europa central hay cuatro Friedberg y dos Friburgo, todas ciudades germanas. En octubre de 1736, a los 18 años, ingresa en la Compañía de Jesús y en Trencin, ex Checoslovaquia, realiza su noviciado. Luego pasa a Viena, donde estudia lógica para ser posteriormente destinado a Linz, en la Alta Austria; allí enseña latín y griego. De allí pasa al colegio de Steyer. Por 1746 está en Gratz, Austria, estudiando teología, hasta que en 1747, sin estar aún ordenado sacerdote, pide y obtiene pasar a las misiones que los jesuitas tenían en América, cuando cuenta con 29 años.

 Existen los catálogos que informan sobre su complexión física yl, sus características personales. Era de contextura buena e íntegra; su carácter "reservado, hombre de buen criterio, de buen espíritu, de buena índole… apto para enseñar y gobernar.Para Furlong todas estas descripciones de su carácter son importantes ya que explicarían el fracaso en su tarea de evangelizar a los abipones, a quienes no logró llevarlos al cristianismo. Esto sin dejar de señalar la enorme simpatía que Dobrizhoffer sintió por ellos.

 Análisis: 


Para entender la caracterización de este pueblo desde la obra de P. Martin Dobrizhoffer, los avispones llegaron a ser unos cinco mil y fueron disminuyendo a causa de luchas entre parcialidades, guerras contra los españoles y pestes sumando también el infanticidio como contrumbre indígena. Los sistemas de mando y obediencia eran absolutamente deviles. No existiá un cacique o caudillo general para todas las parcialidades. Los grupos constituían hordas con un jefe a cargo de cada agrupación. Tal jefe “capitán” , no era ni mandatario, ni juez ni gendarme, solamente se encargara de organizar la guerra y en caso de ataque es el que va de frente.

 Por lo tanto no se reverencia a ningún cacique. No existen pactos ni juramentos de fidelidad. Cada uno puede unirse al grupo que le plazca. Estos jefes o capitanes ni siquiera se distiguen por sus vestidos. En cuanto a la tierra no tienen sentido de propiedad. El autor a parte de su notable afinidad a los indígenas señala su tenacidad y resitencia a a las privaciones, capaces de hacer un viaje de trescientas leguas sin mostrar fatiga, sufriendo de mosquitos y aguantando el calor y la sed. Por otro lado podemos observar como Dobrizhoffer, se refiere negativamente a los españoles, con críticas de sus costumbres. 7.

La expulsión de los jesuitas y el postrer destino de San Jerónimo Los ingentes esfuerzos de los jesuitas entre los guaycurúes, el más violento e indomable pueblo de nuestro litoral, se vieron bruscamente interrumpidos por la expulsión de la Orden en 1767. Mientras tanto, el padre Dobrizhoffer ya había abandonado las reducciones abiponas y la expulsión lo encuentra en una reducción de indios Itatines, llamada San Joaquín, pueblo pacífico y dulce, muy diferente de los abipones y otros guaycurúes.

 El ostracismo lo halla en mal estado de salud y tanto fue así, que en marzo de 1768, cuando 150 jesuítas estaban prontos para embarcarse hacia Europa, el padre Dobrizhoffer quedó internado en el hospital de Buenos Aires, pudiéndose embarcar a fines de ese mes. Quizá el dolor por la expulsión y partida se vió aliviado por la compañía de que gozó en el barco, puesto que sus compañeros de desgracia frieron los padres Brigniel, Burgés, Sánchez Labrador, Florián Paucke y otros destacados misioneros con quienes había compartido tantos años de misión. Antes de partir, el nuestro y todos los misioneros trataron de apaciguar a los aborígenes para que no resistieran el decreto real de expulsión, decreto absolutamente incomprensible para éstos. Ychoalay, José Benavídez, tomó la drástica decisión de ir a reclamar al gobernador Bucarelli por la expulsión. Antes, inclusive llegó a propugnar un levantamiento general de los indios contra los españoles, para resistir la orden. Y en Buenos Aires: "…

Se encaminó hacia el palacio del Sr. Bucarelli, metiéndose por medio de las guardias de la fortaleza… con tanto desapego y gravedad como lo pudiera hacer un palaciego, y puesto en presencia del Sr. Bucarelli, sin perder tiempo en ceremonias, le dijo: 'Yo vengo a preguntarte, ¿por qué nos han sacado de los pueblos a los Padres?. Sorprendióse Su Excelencia con esta pregunta y como no sabía bien quién era Benavídez, se guardó muy bien de exasperarse con alguna respuesta descompasada, y así procuró satisfacerle con buen modo, diciendo que el Rey 1 había mandado.

Mas como el indio le replicase que no era posible que el Rey lo hubiese mandado, sino estando muy engañado, dijo Bucarelli que eso no le tocaba a él examinarlo. Es así, contestó entonces el indio; pero a ti te toca luego y en pormenor informar a Su Majestad de la falta que hacen los Padres, y sabiendo esto el Rey no mandará que salgan. (33). Mientras tanto, por 1769, llegó Dobrizhoffer a su "querida ciudad de Viena'. Allí se alojó en la Casa que la Compañía de Jesús tenía. Predicaba en la iglesia de Santa Teresa y atendía una Congregación de Obreros Jóvenes, fundada por los jesuitas. Trató a la reina María Teresa, quien admirada de sus narraciones, lo indujo a escribir y publicar una Historia de sus aventuras entre los abipones en América. La escribió entre 1777 y 1782, logrando publicarla en 1784. Terminó sus días el 17 de julio de 1791 en el Hospital dala Misericordia de Viena, seguramente cargado de los recuerdos de sus azarosas correrías por las misiones americanas. Contaba con setenta y cuatro años.

 Por su parte, la reducción de San Jerónimo, a partir de 1767 fue atendida por un sacerdote del clero regular, el maestro Francisco Reyes. Después se hicieron cargo de la misma los mercedarios y por 1798 los franciscanos del convento de San Lorenzo. Pero ya estamos en los albores de Mayo, con su secuela de derrumbes institucionales y crisis de las autoridades del Viejo Virreinato. La Revolución requirió de todas las energías para propagarla y como consecuencia se desatendieron las reducciones. 

En 1814 se sublevan los pueblos mocobíes. Los abipones, aunque sin sacerdotes desde 1815, se conservaban fieles, pero no pudieron evitar que la Reducción fuera arrasada por los mocobíes, produciéndose un desbande general. Un grupo huyó a San Javier y otros pasaron a Santa Lucía, en la provincia de Corrientes (34). En esta última provincia cometieron varias depredaciones, hasta concertar la paz con el gobierno correntino. Dirigieron, entonces, sus miras a las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, La oportuna concertación de la paz entre el gobernador santafesino Estanislao López y los abipones a cuyo mando estaba el cacique Patricio Ríos, en 1824, logró la nueva reducción de esta etnia, ahora a diez leguas al oeste de Santa Fe, sobre el camino a Córdoba. Y he aquí el nacimiento de la reducción de San Jerónimo del Sauce, el postrer destino de la antigua reducción de Ychoalay (35). 8.

Algunas opiniones sobre los méritos de la "Historia de los Abipones" Furlong dice que al pretender juzgar los méritos o deméritos de la "Historia ...", hay que comenzar refutando a Azara, quien calificó la obra como baladí y de poca sustancia, sosteniendo que: "…El autor de este libro, de vuelta a su país hizo más que redactar con gran prolijidad cuando había oído en Buenos Aires o en la Asunción, pero sin haber penetrado nunca en lo interior, ni observado por sí mismo". Azara se muestra como un crítico que jamás debió haber leído la Obra, puesto que es el único conocido que emite un juicio desfavorable. Ricardo Rojas, luego de recordar lo que afirmó Dobrizhoffer, quien pide perdón a sus lectores, disculpándose por la pobreza de su estilo, dice: "…No perdón, sino gratitud deben los historiadores argentinos a Dobrizhoffer, porque su libro es agradable de leer, como lo revela su éxito en varias lenguas, y por las abundantes noticias que contiene sobre los Abipones, y sobre toda la región chaqueña guaranítica".


 El Dr. Luis M. Torres resume el veredicto de la ciencia a favor de Dobrizhoffer al decir: "Como todos los que hemos tenido ocasión de ocuparnos de la etnografía del Chaco, particularmente del siglo XVIII, que con tanto acierto han tratado en éstos últimos tiempos Bogiani, Kersten y Nordenskjöl, la obra de Dobrizhoffer nos ha sido particularmente útil …" Lafone Quevedo, afirma que la obra de Dobrizhoffer, en todo lo relativo a los Abipones, ocupa: "… El primer lugar, por supuesto, en extensión e importancia… (Dobrizhoffer) ha consignado un admirable panegírico de estos nobles indios…" Y Furlong remata su comentario diciendo, en resumen, que: "… Cuantos han estudiado o leído, al menos, el libro de Dobrizhoffer, han convenido en que es el más ameno y sabroso de nuestros historiadores del siglo XVIII, así por la exactitud de su información como por el interés casi novelesco que ha sabido infundir en la corriente de su discurso.


Comparado  con nuestros antiguos cronistas, es Dobrizhoffer muy superior a ellos, por haber sido siempre o casi siempre de primera mano y ex-visu cuanto estampé en las páginas de su libro, y por haber sabido recoger y conservar innumerables detalles que su curiosidad siempre despierta consideró de capital interés para los futuros investigadores. Tuvo gran calidad de interesarse por todo lo relativo a los indios abipones, y como hombre de genio fino y sutil, poseyó en algo grado el don de observar y de conocer a los hombres.

La ciencia nos dirá que no hemos de tomar por definitivos sus asertos y por infalibles sus afirmaciones, pero es indudable que unas y otras reflejan viva y sinceramente la impresión del insigne historiador de los Abipones" (36). 9. Y otras sobre la labor misionera de la Orden en América La expulsión frustró los esfuerzos de la Orden para reducir y pacificar a los pueblos del Chaco. Los 30 ó 40 años de presencia entre los guaycurúes quizá estaban por rendir sus frutos cuando debieron acatar el ostracismo. En el siglo anterior habíamos asistido a la gran labor misional entre los guaraníes.

¿Cuál fue el secreto de ese triunfo?. Según Halperin Donghi (37) entre las claves del éxito está el esfuerzo misional que fue ejercido sobre una población indígena con hábitos de agricultura, como eran los guaraníes. De modo que cuando debieron actuar entre los pueblos cazadores del Chaco se enfrentaron con enormes dificultades. El hecho que constituyeran una elite internacional que mostraba notable superioridad cultural sobre los funcionarios y los colonos de una región relegada del Imperio, como era el Río de la Plata. La tenacidad y el celo religioso que conjugaban objetivos puramente misionales con un notable realismo económico. Mörner (38) señala que este realismo se refleja en el aspecto financiero: una instrucción establecía que los rectores de los colegios, debían tener conocimientos sólidos en cuestiones económicas y que los ingresos debían ser suficientes para garantizar la enseñanza. Constituyeron, especialmente en el siglo XVII, un sólido escudo frente a la penetración portuguesa.

 El Estado Jesuítico fue elogiado por autores adversarios del Catolicismo o indiferentes en materia religiosa tales como Voltaire, D'Alambert y Montesquieu. Estos autores, si bien consideraban a los jesuitas corno prototipos de la hipocresía, vieron en el Estado Jesuita la aptitud del intelecto europeo para crear una sociedad dentro de planes preconcebidos. Chateaubriand encara el tema con una visión romántica, atribuyéndole importancia a los aspectos religiosos y estéticos, especialmente la educación de los indios mediante la música. Los socialistas, en general, ven a este experimento como una interesante concreción de los ideales colectivistas.


Conclusiones principales 


 El pensamiento tradicional conservador y nacionalista juzga a las misiones como una prueba de la política colonial humanitaria que España aplicó en América. El geógrafo Félix Azara (1746-1811), a quien citamos como un crítico negativo de la obra de Dobrizhoffer, extiende sus críticas a la labor misional de los jesuitas. A principios de siglo (1904), nuestro Leopoldo Lugones, tan brillante y contradictorio, escribió un ensayo histórico, "El Imperio Jesuítico" (39). La obra fue encargada por el gobierno nacional y con su proverbial maestría intenta condenar a las misiones. Lo hace desde una visión positivista y liberal de fines del siglo XIX, tan proclive en condenar a España. Denosta a quienes llamaron República al estado jesuítico afirmando que no merece tal nombre, sino el de Imperio, porque lo fue al uso del absolutismo español. Además de sus méritos literarios, este Ensayo es un paradigma de la posición positivista y antiespañola.

 Sobre la vida cotidiana en las misiones hay dos posiciones extremas. Una sostiene que los indígenas fueron objeto de explotación y cruel esclavitud. Otra, contraria, afirma que llevaban una vida idílica, sin la menor preocupación por las necesidades materiales. Para Mörner estos pueblos disfrutaron de condiciones más favorables que si hubiesen sido librados a su propia suerte. Los jesuitas controlaron el alcoholismo y las epidemias. Fueron los pioneros en medicina y ciencias naturales y, lo último pero lo menos importante, con sus crónicas posibilitaron el conocimiento de un pasado histórico que a no ser por ellas, se hubiera diluido en referencias orales: "…

Por su intensa educación, por el excepcional sentido religioso, activo y concreto, que inspiraba a sus miembros, por su cuidadosamente controlada disciplina casi militar, por su organización jerárquica y centralizada, los jesuitas estaban destinados -aún comparados con las otras órdenes- a desempeñar ese impresionante y único papel histórico" (40). Pero el advenimiento de los Borbones produjo una afirmación del poderío regio y los jesuitas más que víctimas de corrientes secularizadoras o intrigas de la Masonería, fueron víctimas del regalismo. El conde de Aranda, ministro de Carlos III y responsable de la expulsión lo dice con vívida expresión: "Preví el peligro de fiar provincias enteras a un cuerpo de regulares con superior fuera del Reino… (por) hallarse estas provincias o misiones separadas en sustancia de la Monarquía, porque ni se enseñaba en ellas la lengua castellana al indio, como las leyes lo ordenaban; ni se permitía a los españoles la contratación; ni las Audiencias Reales ejercían allí su autoridad …"(41).

 Sin embargo Santa Fe no perdió la nostalgia por los Padres y conservó los recuerdos por casi los 100 años de ausencia, hasta lograrse la reapertura del Colegio a principios de 1860. A la partida de los jesuitas siguió la decadencia de las misiones y las reducciones del Chaco y Santa Fe. Esta decadencia no debería achacarse a los deméritos de las otras órdenes que debieron encargarse de la labor misional. Como ya lo dijimos, ya estábamos en los albores de Mayo y el viejo Imperio hacía agua. No sabemos ni podemos preveer si los jesuitas hubiesen logrado, con su tenacidad, consolidar las reducciones guaycurúes. Quizá por sus méritos y preparación cultural no se hubieran resistido a intervenir en la vorágine de la Revolución. Y así, en esa tarea como en la misional, como bien se ha dicho, resultarían más víctimas de sus triunfos que de sus fracasos. Pero quede como uno de los triunfos la labor de nuestro Dobrizhoffer entre los Abipones de nuestro Chaco.


 Notas 


1) Federico G. Cervera. "Reseña Histórica del Periodo Hispánico" Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe". Tomo III. Santa Fe. Imprenta Oficial, 1970. (p. 23). 2) Ezequiel Gallo. La Pampa Gringa. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 1983. (p. 22). 3) Alejandro A. Damianovich. Breve Historia de Santa Fe. Santa Fe. Distribuidora Litar SA 1987 (pp. 34-35). 4) Juan Alvarez en Ezequiel Gallo, op. cit. (pág. 54). 5) Ibid. (p. 23). 6) Manuel M. Cervera. Poblaciones y Curatos. Santa Fe. Tall. Graf. Castellví Hnos. 1939 (pp. 198-199). 7) Manía Dobrizhoffer. Historia de los Abipones. Tomo III. Santa Fe. Imprenta de la Universidad Nacional del Litoral. 1971. (p. 22). 8) Manuel M. Cervera, op. cit. (p. 232). 9) Alejandro A. Damianovich, op. cit. (p. 37). 10) Martín Dobrizhoffer, op. cit. Tomo 1 (p. 102). 11) Ibid. Tomo II (p. 9). 12) Id. (p. 16). 13) SalvadorCanals Frau. Poblaciones Indígenas de la Argentina, Buenos Aires. Hyspamerica. 1986 (pp. 298-299). 14) Branislava Susnik. Dimensiones Migratorias y Pautas Culturales de los Pueblos del Gran Chaco y su Periferia. Resistencia. Instituto de Historia. Facultad de humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste. 1972 (pp. 15-16). 15) Dick Edgar Ibarra Grasso. Argentina Indígena y Prehistoria Americana. Buenos Aires. Tipográfica Editora Argentina. 1967 (p. 306) 16) Ramón Tissera. "El Jinete Guaycurú, conquistador del Chaco'. Todo Es historia. Nro. 93. Buenos Aires. Feb. 1975. 17) Guillermo Furlong. "Noticia Biográfica y Bibliográfica del padre Martín Dobrizlioffer' en Martín Dobrizhoffer op. cit. Tomo 1 (pp. 19 et seq,). 18) Ibid. 19) Id. (p. 25). 20) Id. (p. 29). 21) Antonio de Zubiaurre. Nota de traducción de "Una accidentada travesía hasta el río Uruguay". Humboldt 82. Bonn. 1984 (p. 29). 22) Federico G. Cervera. "Las Reducciones Indígenas en el Periodo Independiente". Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe. Tomo III. Santa Fe. Imprenta Oficial. 1970 (p. 98). 23) Martín Dobrizhoffer, op. cit. Tomo III (p. 120). 24) Ibid. (p. 124). 25) Id. (p. 126). Maquiavelo dice: "Se presenta aquí la cuestión de saber si vale más ser temido que amado. Se responde que seria menester ser uno y otro juntamente; pero como es difícil serlo a un mismo tiempo, el partido más seguro es ser temido que amado, cuando se esta en la necesidad de carecer de uno u otro de ambos beneficios". El Príncipe. Cap. XVII (425-426). 26) Id. (p. 126). 27) Guillermo Furlong. Entre los Abipones del Chaco. Buenos Aires. Tall. Graf. San Pablo. 1938, 188 páginas. 28) Martín Dobrizhoffer, op. cit. Tomo II (pp. 52-59-66-184). 29) Ibídem (p. 69-70). 30) Resulta significativo que el apellido Benavídez haya permanecido en la reducción de San Jerónimo del Sauce basta nuestros tiempos. 31) Martín Dobrizhoffer, op.cit. Tomo II (p.136). 32) Idem (pp. 137-138). 33) Guillermo Furlong. Entre los Abipones del Chaco cit (pp. 171-172). 34) Manuel Roselli. Historia de Reconquista. Buenos Aires. Tall. Graf. del Ministerio de Cult. y Educ. de la Nación. 1981.1ra. parte (p. 58). 35) Federico G. Cervera op. cit. (pp. 99-100). 36) Guillermo Furlong. "Noticia Biográfica y Bibliográfica del padre Martín Dobrizhoffer" en Martín Dobrizhoffer, op. cit. Tomo I (pp. 70 et seq.). 37) Tulio Halperin Donghi. Presentación de la Edición Castellana de Magnus Mörner Actividades Política y Económicas de los Jesuitas en el Río deis Plata. Buenos Aires. Hyspamérica. 1986 (p. 11). 38) Mörner, op. cii. (p. 114). 39) Leopoldo Lugones. El Imperio Jesuítico (Ensayo Histórico) México D. F. Aguilar. 1962. 40) Mörner, op. cit fr. 120). 41) Ib. (p. 141). El libro de Mörner, en general, ha sido utilizado para todo este acápite. Nº 9. Publicado por Edgar Stoffel en 11:34 Obra de Guillermo Furlong referente a Dobrizhoffer y los Abipones. En primer lugar está el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, Facultad de Filosofía y Letras (Buenos Aires), Año VI, Nro. 35 (enero-marzo de 1928), pp. 417-484, donde Furlong publicó, como artículo original "El P. Martín Dobrizhoffer S. J., filólogo e historiador (1718-1791)"

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